Algunos malditos poemas de Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik (1936-1972) fue una poeta, ensayista y traductora argentina, considerada como la última vate surrealista y de una intensa exactitud racional que desembocó en un trágico desenlace.

Íntima amiga del legendario escritor argentino Julio Cortázar, Pizarnik sucumbió ante la nostalgia de una triste niñez, cayó en el alcoholismo, la depresión, deseos suicidas, una obsesión de sentirse amada.

También fue catalogada como una “poeta maldita” a raíz de un particular estilo que abarcó una obra criptica, la búsqueda de la identidad y la auto reflexión por consecuencia de la emigración de su familia judío-ucraniana que padeció la castellanización del apellido.

Dentro de sus obras más destacadas se encuentran “Árbol de Diana” (1962), Los trabajos y las noches” (1965), Extracción de la piedra de la locura” (1968) y La condesa sangrienta” (1971), entre otras.

Con tan sólo 36 años Alejandra Pizarnik atentó contra su vida al consumir 50 comprimidos del sedante secobarbital. Una  amiga de casualidad llegó hasta su departamento para encontrarla minutos antes de suicidarse por sobredosis.

La enamorada

Ante la lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra Alejandra no lo niegues.

hoy te miraste en el espejo
y te fuiste triste estabas sola
y la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió

enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado

oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú

te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!

 

A la espera de la oscuridad

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos.

 

Despedida

Mata su luz un fuego abandonado.
Sube su canto un pájaro enamorado.
Tantas criaturas ávidas en mi silencio
y esta pequeña lluvia que me acompaña

 

El miedo

En el eco de mis muertes
aún hay miedo.
¿Sabes tú del miedo?
Sé del miedo cuando digo mi nombre.
Es el miedo,
el miedo con sombrero negro
escondiendo ratas en mi sangre,
o el miedo con labio muertos
bebiendo mis deseos.
Sí. En el eco de mis muertes
aún hay miedo.

15

Extraño desacostumbrarme
de la hora en que nací.
Extraño no ejercer más
oficio de recién llegada.

La última inocencia

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar fila para morir.

He de partir
Pero arremete, ¡viajera!

Domingo, 19 de Noviembre de 2023

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