Al mediodía de un caluroso domingo estival, un importante partido de fútbol amateur entró en la recta final para definir al gran campeón.

El conjunto del “Defensa” apostó todo a su veloz delantero que ante la menor posibilidad podría liquidar el encuentro, pero el defensor rival, sin contemplación alguna, derribó con pelota y todo al delgado y pelucón futbolista que mañana debería presentarse a pintar un departamento, en un adinerado condominio.

Desde la humilde tribuna de madera, que apenas fue capaz de contener a casi un centenar de apasionados y fieles seguidores de estos humildes clubes, que a duras penas resisten el exilio de los jugadores que abandonan los populares barrios por las oportunidades que brinda un tan anhelado DS49 o un accesible dividendo en otros sectores, se indignaron por la fea falta en contra del más joven jugador, que de seguro mañana ya no podrá presentarse a trabajar.

El Defensa exigió, al árbitro, la roja directa. El juez no dudó en mandar al agresor defensor directo a las duchas, a poco menos de diez minutos del término del juego y con el resultado en tablas.

A los hinchas del “General González” no les gustó para nada la expulsión de su principal defensa y capitán porque al parecer el tembloroso árbitro no se percató que el infractor no fue el último hombre de su equipo.

El enojo no sólo se vivió desde las gradas, sino también desde el propio campo que ante la decisión del amateur referí que dio por terminado el partido de fútbol que iba a determinar al equipo que sería el nuevo monarca, tras observar como inició una batalla campal entre los jugadores y los barristas de ambos equipos.

El árbitro tuvo que correr del campo de juego para resguardar su integridad física, ante la infundada rabia de inadaptados sociales que se atacaron entre sí, con lo que se encontraba al alcance de sus manos o de su propia violencia.

Mientras los más aterrados espectadores esperaban la urgente llegada de carabineros, para acabar con la batalla campal, en la media luna de una de las áreas un futbolista del Defensa cayó para no levantarse jamás. Él sucumbió  ante un sinnúmero de agresores, que poco y nada tenían que ver con el fútbol amateur.

Jamás en la historia de esta asociación de fútbol se sufrió algo así, y pese a la llegada del personal policial, que para algunos resultó bastante tardía porque la cifra de muertos en este desquiciado enfrentamiento aumentó, el asunto se convirtió en una verdadera tragedia nacional.

A pocos metros del recinto deportivo, se encuentra un cementerio, el cual dio paso a su popular apodo, “La cancha de los muertos”. Para muchos vecinos era más fácil llamarlo así, en vez de recordar y pronunciar su verdadero y complicado nombre, “Luka Zamjanovic”.

Sin imaginárselo jamás, ambas escuadras,  le rindieron honor al apodo del recinto amateur, pensaron los más irreverentes.

Para cuando ya retiraron los cadáveres de los desafortunados ex futbolistas, la noticia ya había dado la vuelta al mundo y todos los medios de comunicación coincidieron que un terrible hecho ocurrió en la cancha de los muertos, avergonzando de esta manera a nuestro país ante los ojos del mundo.

FIN.

-Cuento #1-

¡Abrazo literario!

Sergio Muñoz es periodista y escritor. Publicó en 2022 “Entre el Cenit y el Abismo. Y otras ficciones”. Puedes seguirlo a través de su cuenta de Instagram y Facebook.

Lunes, 30 de Enero  de 2023

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