“La Cancha de los Muertos” por Sergio Muñoz

Al mediodía de un caluroso domingo estival, un importante partido de fútbol amateur entraba en la recta final para definir al gran campeón.

El conjunto del “Defensa” apostó todo a su veloz delantero que ante la menor posibilidad podría liquidar el encuentro, pero el defensor rival, sin contemplación alguna, derriba con pelota y todo al delgado y pelucón futbolista que mañana debe presentarse a pintar un departamento en un adinerado condominio.

Desde la humilde tribuna de madera, que apenas es capaz de contener a casi un centenar de apasionados y fieles seguidores de estos humildes clubes de barrio, que a duras penas resisten el exilio de los jugadores que abandonan los populares barrios por las oportunidades que brinda un tan anhelado DS49 o un accesible dividendo, se indignaron por la fea falta en contra del más joven jugador que de seguro mañana ya no podrá presentarse a trabajar.

El Defensa exigió, al árbitro, la roja directa. El juez no dudó en mandar al agresor defensor directo a las duchas, a poco menos de diez minutos del termino del juego y con el resultado en tablas.

A los hinchas del “General González” no les gustó para nada la expulsión de su principal defensa y capitán porque al parecer el tembloroso árbitro no se percató que el infractor no era el último hombre.

El enojo no sólo se vivía desde las gradas, sino también desde el propio campo que ante la decisión del amateur referí no sólo se dió por terminado un partido de fútbol que iba a determinar al equipo que sería el nuevo monarca, sino dió paso a un enfrentamiento entre jugadores y barristas.

El árbitro no sólo recibió insultos y amenazas, también tuvo que correr para resguardar su integridad física, porque el espectáculo deportivo quedó en segundo plano cuando los iracundos hinchas, de ambos equipos, invadieron el campo de juego y atacaron con lo que se encontraba al alcance de su mano o de su propia violencia.

Los desesperados gritos y las suplicantes llamadas dejaron atrás los futboleros cánticos que algunos espectadores presenciaban aterrados. Mientras esperaban la urgente llegada de carabineros para acabar con esta batalla campal, en la media luna de una de las áreas un futbolista del Defensa cae para no levantarse jamás, tras intentar salvar su vida ante un sinnúmero de agresores que poco y nada tenían que ver con el transcurso del partido.

Jamás en la historia de esta asociación amateur de fútbol se había vivido algo igual o parecido, y pese a la llegada del personal policial, ya para algunos resultó bastante tarde porque la cifra de muertos en este desquiciado enfrentamiento había aumentado.

A pocos metros del recinto deportivo, se encuentra un cementerio, el cual dio paso para que todas las personas del lugar denominaran al campo de fútbol como “La cancha de los muertos” que para mucha gente y vecinos era más fácil recordar y pronunciar en comparación al ya nombrado y complicado “Luka Zamjanovic”.

Al fin le hacen honor a su nombre, pensaron los más irreverentes, cuando retiraban los cadáveres de los desafortunados ex futbolistas que dieron la vida por su club de barrio, dejando inconcluso el partido que de seguro no se volverá a jugar jamás.

FIN

Sergio Muñoz es escritor y publicó en 2022 “Entre el Cenit y el Abismo. Y otras ficciones”. A partir de ahora y en cada fin de mes, él se comprometió a escribir un cuento con el único fin de entretener a sus lectores y ejercitar su pluma. Puedes seguirlo a través de su cuenta de Instagram y Facebook.

Lunes, 30 de Enero de 2023/ Cuento #1

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