Reflexión Día Mundial de la Infancia

Hoy, se conmemora el Día Mundial de la Infancia y creo que tuve una niñez feliz cuando miro hacia atrás, ya que veo en ella que tuve padres, familiares y amigos con quien compartir tanto hermosos y tristes recuerdos, a diferencia de otros niños que observaba a través de una ventana de un segundo piso desde mi hogar.

Aquellos niños siempre despertaron mi curiosidad ¿Por qué siempre marchaban todos ordenados, tomados de la mano, en fila india y sin sus padres? A pesar que los veía reír y hacer travesuras en aquel circuito ¿en dónde estaban sus padres? Constantemente me preguntaba.

No puedo precisar ahora, muchos años después, si era un lugar del Sename, un refugio de cristo para niños o qué sé yo, pero estaba ubicado en Calle Santiago Severín, en pleno corazón del Barrio Puerto en Valparaíso en aquella época, y ahora que lo pienso no sé si seguirá funcionando.

Ellos siempre se dirigían a jugar a la famosa “Cancha de Cajilla”, un lugar que antes fue un gigantesco inmueble que padeció un terrible incendio, según me contaron cuando niño, y de aquel siniestro sólo quedaron de pie algunos cuantos muros como calcinadas vigas.

En aquel abandonado y maltratado inmueble (o lo que quedaba de él) había un gran patio que imagino en sus mejores tiempos tuvo que ser genial, pero como todo cambia aquel espacio mutó cuando los vecinos de Cajilla derribaron los muros para ingresar al recinto y así hacer suyo ese lugar.

De esa forma nació la Cancha de Cajilla, porque en cada extremo del patio los vecinos pararon arcos de fútbol con palos que tenían a mano, convirtiendo ese espacio en un escenario para grandes pichangas de fin de semana, eso es al menos lo que me contaron cuando niño.

En esa canchita viví muchos lindos momentos con aquellos niños que iban en masa a jugar, sin embargo no soy capaz de recordar nombres ni rostros, a pesar que mantengo aún intacto recuerdos de aquella infancia que ya no es como ahora.

No sé qué habrá pasado con aquellos niños que veía con frecuencia desde la ventana de mi hogar o en la misma cancha, no sé si estarán bien o si “estarán” simplemente. A veces la vida es así, hacemos amigos que con el paso del tiempo olvidamos nada más.

Cuando crecí y comprendí mejor las cosas, en cierto modo me sentí afortunado por tener todo lo que tuve en mi infancia y no me refiero a juguetes, por cierto.

En esta semana de la infancia aún viven miles de niños a su suerte en hogares del sename o en sus “sucursales” si es que pueden considerarlo como “suerte” como otros que simplemente viven en la calle misma.

Algunos se han llamado ‘hijos del Sename” u otros “hijos de la Calle”, lo que comparten en común es que viven sin padres en muchos casos, tienen que aprender a ser autosuficientes y cargan todo tipo de estigmas sociales.

Ahora, agregaron otra preocupación en sus mal afortunadas vidas, esperar no ser baleados por carabineros, como si ya no tuvieran suficientes problemas en su infancia.

Crecí con la idea de ser un padre adoptivo, a raíz de lo que se grabó en mí todos aquellos años que observé desde la ventana de mi hogar, porque no sólo miraba a esos niños sino también miraba hacia el cielo e incluso más allá de las nubes, imaginando que algún día sería un adulto que sería capaz de cuidar aquel niño que depositaba toda su confianza en un monitor, pero que lamentablemente a veces creía que era cariño prestado, cariño con fecha de caducidad.

Viernes, 20 de Noviembre de 2020

No olvides dejar tu like y seguir nuestra fanpage aquí. Si deseas ser parte de El Semáforo envía un artículo a elsemaforoquilpue@gmail.com y no olvides leer esto:

¿Y ahora qué? Después del Plebiscito

Comentarios de Face

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*