En 1995 se estrenó “Before Sunshine” o mejor conocida por estas tierras como “Antes del Amanecer“, película dirigida por Richard Linklater y protagonizada por July Delpy (Céline) y Ethan Hawke (Jesse) que treintaiún años después inspiró este escrito.

La década de los noventa, dentro del mundo del cine, es recordada como la era dorada de las películas románticas, y esta cinta en particular marcó a muchos espectadores por su estilo propio, belleza y su malencólica historia, que rompió el cánon de la época, convierténdose, con el paso de los años, en un film de culto e inigualable hasta el presente.

En cuanto a la historia, esta nos presentó a Céline, quien se encontraba viajando en tren para retornar a su país, Francia. Sin embargo, una pareja que discutía fuertemente a su lado la obligó abandonar su lugar. Fue así como, tras buscar otro asiento, lejos de la pelea, se ubicó al lado de Jesse, otro viajero como ella, con quien conectó como si fueran amigos de toda la vida, mientras una intensa atracción recíproca comenzaba a surgir entre ambos.

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En cuanto a mí, yo no vi la película en los noventa. De hecho, la descubrí a inicios de este milenio, cuando mis padres contrataron servicio de televisión por cable—VTR—. Tal vez fue a través del ya desaparecido y mítico canal I.Sat (1992-2024) o The Film Zone (1999-2017), que solían transmitir este tipo de películas: más experimentales, de bajo presupuesto y, hasta en cierto punto, independiente.

Antes del Amanecer me cautivó e idealizó mi visión del amor por aquel entonces, cuando aún era un ingenuo adolecente. Observar a Céline y Jesse descender del tren, tras una escala en Viena, para luego vagar por una de las capitales de Europa hasta el siguiente día, cuando finalmente llegaría su dolorosa y desesperada despedida, es un relato difícil de olvidar. Sobre todo cuando, por aquellos años, comenzaban  a brotar en mí los deseos por escribir.

Por supuesto, tuve la obligación de volver a ver esta película para poder plasmar bien este escrito, ya que sólo recordaba que Céline y Jesse se la pasaban hablando de principio a fin, mientras la cinta nos regalaba una hermosa fotografía de los lugares abiertos y cerrados de Viena que recorrieron nuestros protagonistas.

Y, treintaiún años después del estreno, pienso, sin duda alguna, que sería imposible copiar una cinta como esta en la era actual.

La película se remonta a un momento previo a la irrupción de los teléfonos inteligentes. Entonces, si se intentara realizar la misma historia hoy, en pleno 2026, no funcionaría. Porque tanto Céline y Jesse construyeron su relato a través de la idealización del amor,  de sus largas conversaciones y de la distancia que lo separaría al final de la trama. Eso, en la actualidad, lo rompería fácilmente cualquier aparato Android o IPhone.

Además, debo señalar, que prácticamente todas las ideas planteadas entre Céline y Jesse hasta el día de hoy siguen muy vigentes. Nada ha cambiado. Apartando el cambio tecnológico, la sociedad que nos plantean hace treinta años, e incluso la de sus padres, no ha desaparecido del todo en nuestros tiempos.

Revivir la historia que dura una hora con cuarenta minutos fue verdadero viaje hacia la nostalgia y a una época de la vida que jamás regresará.

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Autor. Elsemáforo.cl.

Sábado, 22 de Agosto de 2026.

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