Jugar fútbol después de los treinta

treinta
Junto a mi equipo, el Defensor, del cerro Santo Domingo de Valparaíso, en el mítico Parque Alejos Barrios,
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La ilusión es la misma a pesar de tener treinta, no cambia, desear hacer el gol del triunfo, el pase que rompa la defensa o eludir tres o cuatro rivales, pero…

La edad es otra. La vida también ha cambiado, porque ya no eres un niño, por el contrario ahora cuidas a uno, dos o más tal vez, porque te has vuelto un padre de familia.

Ya no vienen los amigos del barrio con la pelota sucia, llena de barro y con los cascos gastados a buscarte a la casa, junto a la fiel botellita llena de agua de la llave.

Así que tampoco jugarás hasta el inagotable último gol o hasta que la luz del sol se extinga con el ocaso, ahora que tienes treinta  esas cosas han quedado atrás.

Si te acompaña una mujer, la que amas, deberás tener presente que si te pierdes por un rato…por recordar dotes maradonianos, le tendrás que devolver el tiempo a ella, aunque la vida  no nos devuelve a nosotros.

Ya no jugarás pichangas interminables defendiendo el honor de tu barrio en campos ajenos, ahora uno de tus amigos ( o tú), arrendará recintos con  pasto sintético, que deberá tener   duchas y estacionamientos.

Si tienes suerte, jugarán más de un hora, en donde ya no importará demostrarles a tus rivales lo bueno que eres, porque eso ya cae mal y no importa un carajo.

Jugamos para botar el estrés del trabajo, de la vida, de los pagos de los créditos que hemos solicitado, los problemas familiares o amorosos y la lista sigue…pero lo más importante, por hacer algo de deporte,  simplemente.

Si estás consiente que no has jugado por más de dos semanas, intentarás no sobre exigirte, para no agotar tus piernas y vaciar tus pulmones rápidamente o juegas de aquero sin más.

Porque sabes que al cansancio acumulado por la pega, esas ochos horas diarias, ante las preocupaciones de las deudas, se sumarán las dolencias en tu cuerpo, por la patada que te pegaron  o los músculos que fatigaste.

A tu mujer,  a tu jefe, a tus hijos y a extraños  no les importara que vayas a jugar a la pelota y seas el crack…ellos sólo desean que les rindas, que cumplas con sus expectativas.

Éstos te dirán “¿Te pagan por ir a chutear una pelota?”,  “¿Qué ganas con ir para allá?” o “Después te estás quejando que te duelen las patas”, ignorando la enorme felicidad que nos provoca ir a jugar  a la pelota con los amigos de siempre o los que no vemos hace tiempo.

Si juegas mal, dirás que no juegas hace mucho tiempo, pero si juegas bien, pensarás que tus dotes no se han perdido, que aún tienes mucho por demostrar, desearás jugar hasta un campeonato.

En paralelo a las cotidianas preocupaciones que nos entrega nuestra sociedad, estarás pendiente por la próxima cita, aquella que puede llevarte a la gloria o re pensar si sigues jugando.

Si eres valiente, le dirás a tu mujer que vas nada  más, pero  si eres cauteloso, como muchos lo hemos sido, negociaras la salida, pensarás en un engañito o sacrificarás tu descanso.

Sabes que entre los treinta a los cuarenta hay una delgada línea de tiempo, en donde el cuerpo ya no va fortaleciéndose, al contrario, envejeceremos un poco más,  sin darte cuenta, llegarás a ser “senior” en alguna categoría del fútbol amateur.

Tal vez para ti, el partido será un domingo a cada tres semanas, para tu mujer, parecerá que juegas todos los fines de semana, ten cuidado con eso.

Pero como escribí al inicio, la ilusión no cambiará por nada, sin importar que sea una pichanga o por los puntos en algún campeonato local, desearás demostrarte a ti, que sin importar la edad, jugar al fútbol es lo que nos hace felices.

No importa si tenemos treinta ya o un poco más…cuando eres tú el que anota y tus amigos te abrazan y los rivales te maldicen, aquella sensación es la misma que cuando tenías diez, quince, veinte o cualquier edad…eres a quien a que todos miran, eres a quien a que todos admiran.

Martes, 31 de julio de 2018

Dedicado a mi padre, quien hoy estaría de cumpleaños.

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