Recuerdo que, cuando yo era niño, mis padres trabajaban durante largas horas, parceladas a lo largo del día, extendiendo así sus obligaciones laborales en perjuicio de poder pasar tiempo con nosotros, sin olvidar que ellos no descansaban como merecían.
En aquella época, los noventa, la ley permitía un máximo de 48 horas laborales en la semana, pero mi apreciación, como un pequeño niño, siempre fue que mis padres trabajaban todo el maldito día. A veces, me dormía sin poder decirles a ellos “buenas noches”, porque llegaban muy tarde a la casa, y yo no era capaz de aguantar el cansancio.
En cierta ocasión, escuché la siguiente frase: “La mejor manera de ayudar a curar el mundo es empezar por tu propia familia”. La anterior cita, que hasta el día de hoy desconozco a quién pertenece, siempre ha resonado en mí.
Entonces, ¿cómo podemos construir un mundo mejor, si la base de eso, los padres de familia, están agotados, sobreexigidos y lejos del seno de sus propios hijos por tratar de cumplir con sus inquebrantables responsabilidades? Sin olvidar que, muchas veces, son mal remunerados, trabajan una enorme cantidad de horas y sin una seguridad laboral.
Desde que se promulgó, en 1924, una ley que estableció por primera vez cuántas horas debía trabajar, de manera obligatoria, una persona, recién en el año 2005 se redujo el tiempo trabajado de 48 a 45 horas. No obstante, 19 años después, en el gobierno de Gabriel Boric, se volvió a reducir la jornada laboral hasta llegar al umbral de las 40 horas.
En la práctica, la Ley de Las 40 Horas, beneficiaría a trabajadores del sector privado. Su proceso de reducción total de la jornada laboral tomaría un tiempo de cinco años: millones de personas pasaron de trabajar 45 a 44 horas en el primer año de la implementación de la ley; algunos cuantos miles se vieron beneficiados con jornadas de 40 horas desde su aprobación y la mayoría de chilenas y chilenos celebró esta iniciativa, como un gran hito en la historia laboral de nuestro país.
Por supuesto, no faltaron diversos detractores, entre los que destaco a los investigadores Gonzalo Durán y Andrea Sato, quienes el 22 de abril de 2024, publicaron un artículo en CNN intentando destrozar uno de los legados políticos del anterior gobierno. Sin embargo, su texto investigativo envejeció muy pronto y mal. No se destruyó el empleo ni los sindicatos colapsaron, a diferencia de su pobre texto ideológico y olvidable.
Si mis padres hubieran tenido la oportunidad de laburar menos horas, tal vez nuestra historia como familia hubiera sido diferente. Por eso, a diferencia de ellos, yo celebro la reducción de dos horas, dentro de la fase dos de la Ley de Las 40 horas.
Gracias a esta ley, disfrutaré muchas cosas que mis padres no pudieron por estar esclavizados a sus trabajos, pero también defenderé esta ley de sujetos como nuestro nefasto y actual Presidente, José Antonio Kast, quien tratará de suprimir derechos adquiridos, al igual que lo que hizo en Argentina el descerebrado de Javier Milei.
AUTOR. Sergio Muñoz, periodista, escritor y creador de Elsemaforo.cl.
Martes, 28 de Abril de 2026.
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