
Marcos camina apretando con dulzura la suave mano de Julieta, su más reciente y hermosa novia.
Él la presume al mundo con orgullo mientras juntos disfrutan del paseo costero a la espera que en cualquier momento el sol se pierda por detrás del horizonte.
Julieta poseedora de un moreno cuerpo de casi un metro con setenta y ocho de estatura, sus piernas largas y anchos muslos, hombros que armonizan con su delgado y largo cuello que embellece aún más su maravilloso vestido escotado, de tela rosada, muy ajustada a su piel, que no tan sólo enaltece cada una de sus curvas, sino también resaltan su sexi y seguro caminar, no está alcance de cualquier hombre que aspira a poseerla entre sus brazos y enloquecer con sus besos.
Marcos cautivado por aquellos ojos tan penetrantes y brillosos, labios gruesos y carnosos tan bellos como el ocaso que los maravilla, de cabellera tan oscura como el nocturno que adornan un rostro tan angélical que, sin duda alguna, fue esculpido por el más talentoso y sensible escultor en honor a la diosa de la belleza y del amor, el enamorado y afortunado sujeto liberó un sinfín de “te amo” que no tan sólo hizo sonrojar a su acompañante, sino también evocó un sinnúmero de apasionados besos.
Qué tarde tan romántica y perfecta disfrutaba la pareja a la orilla de la costa, hasta que de manera inesperada apareció un senil señor y muy alegre por cierto, que al ver a Julieta reaccionó rimbombante.
—¡Julieta, Julieta, eres tú! ¡Qué alegría de verte hoy, mujer.
El extraño hombre, que vestía muy veraniego: sandalias, shorts y una camiseta hawaiana, abrazó efusivo a Julieta ignorando a Marcos por completo. Algo imprudente, por parte del viejo. Eso generó el normal enojo del joven enamorado que tras ver el abrazo entre los supuestos conocidos, molesto cuestionó:
—¿Y quién mierda eres tú, viejo?
Tanto Julieta y el desconocido señor quedaron desconcertados ante la severa pregunta. Entonces, dirigiéndose a Marcos contestó:
—¿Quién soy? ¿Quieres saber quién soy?—miró desafiante a Marcos que apretando el puño, esperando irse a las manos por alguna respuesta que lo ofendiera, jamás advertiría lo que este desconocido viejo le contestaría–Soy un cirujano plástico que hizo a “Julio”, la hermosa mujer que presumes ahora, pendejo de mierda.
Julio, perdón… Julieta se llevó sus ambas manos hasta la cara, para ocultar la tremenda vergüenza que le hizo pasar su amigo médico, tras revelar algo que no le correspondía hacer.
Marcos jamás sospechó que la hermosa mujer que conoció en redes sociales y de la cual se enamoró la semana pasada, escondía un secreto de tal magnitud.
Justamente, Marco estaba feliz este día porque Julieta le había prometido que esta noche iba a ser suya y que había preparado una sorpresa para hacer de esa velada un evento inolvidable.
FIN.
-Cuento #22-
¡Abrazo literario!
Sergio Muñoz es periodista y escritor. Publicó en 2022 “Entre el Cenit y el Abismo. Y otras ficciones”. Puedes seguirlo a través de su cuenta de Instagram y Facebook.
Viernes, 22 de Agosto de 2025
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