Pololo y cultura: una relación divertidamente tormentosa

Pololo
Mi pololo, gringo, y yo: Cuando intentas pololear en un país que no es el tuyo.
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Me he despertado esta mañana con una sola idea en mente. Una sola pregunta. Una sola confusión. Un razonamiento: ¿quién tiene la verdad?

Hoy cumplo cinco meses de relación con mi pololo, extranjero, y clarifico la procedencia no para jactarme, sino para esclarecer que existe una barrera cultural entre nosotros.

Desde esa perspectiva entonces, la verdad puede ser bastante subjetiva. Entre un norteamericano y una chilena, las diferencias sociales e individuales saltan a la luz y son claramente visibles en cada conversación, en cada salida con los amigos, en cada forma de relacionarse con el resto, y obviamente en cada problema/solución que enfrentamos.

Las formas de expresar el cariño, incluso entender lo que eso significa, es toda una batalla de conceptos sociológicos y culturales que se disparan cada vez que tratamos de explicarnos qué somos o dónde estamos como “pareja”.

–Sí, entre comillas, porque incluso la idea de pareja, como la idea de cariño, tiene diferencias culturales abismantes. En fin… como chilena, veo nuestra relación como un pololeo.

Él es mi pololo. Pero a ratos, la forma en la que me relaciono con él, o mi forma de ser, lo confunde; porque desde su perspectiva cultural, yo estoy actuando como una novia que va directo al matrimonio en un par de meses más. (suspiro…)

Entender el comportamiento de una persona ajena a tu cultura desde tu propia cultura, es una batalla divertida. Pero ya llevamos cinco meses, eso debe ser algo bueno, ¿no?

La verdad es que ya no sé qué conceptos usar cuando me refiero a él o a “nosotros”. Es más, la primera vez que usamos el concepto “nosotros” fue hace dos días, en medio de una gran discusión.

Y para ser más específica, cuando él usó el “nosotros”, lo hizo con voz baja y con mucha precaución. Hasta que yo, como buena chilena, le dije: –“No te va a dar cáncer por decir la palabra ‘nosotros’, di las cosas como son! -(sí, esa frase fluyó desde mis entrañas con pasión y carisma).

Mi pololo y yo en San Valentin

A principios de marzo cumplí tres años viviendo en Estados Unidos. Entre tanto, he conocido un par de chicos, pero nunca me sentí lista para estar con alguno de ellos, simplemente porque no encontré ese elemento principal que nos uniera.

Obviamente todo empieza como algo bonito y divertido. Tú me gustas, yo te gusto, salimos, nos besamos, un par de salidas a restaurantes y cines, regalos, flores y chocolates; pero a la hora de hablar de sueños, metas, o incluso conocer las personalidades del otro, todo cambiaba.

Sí, me di el tiempo de conocer a muchos hombres desde mi llegada a las tierras del norte, y es algo que me ha enriquecido mucho. Porque cada vez entiendo más la abismante diferencia que hay entre nuestras culturas en relación al “amor y la pareja”.

Es aquí, cuando agradezco ser chilena! –porque pololear es bacán! En fin. Primero, hay que entender que la base de la cultura norteamericana es el individualismo.

Ese pequeño pero vasto concepto marca una gran diferencia en la forma de ser y de relacionarse con otros. Por supuesto, es importante entender que cuando se trata de lecturas culturales, es imposible calificar ciertas actitudes o comportamientos como buenos o malos.

Son simplemente diferentes. Pero el estudiar los comportamientos humanos desde un contexto cultural, tiene beneficios tremendamente importantes.

Por ejemplo, ahora que entiendo que la importancia del individuo rige las relaciones interpersonales en Estados Unidos, puedo controlar mis reacciones y emociones, y no sentirme tan mal cada vez que trato de entender el porqué del comportamiento de mi pololo.

En un principio, es muy fácil pensar que “mi pololo norteamericano” es muy frío, o está actuando raro conmigo, simplemente porque no me abraza o besa en público. O cuando las conversaciones sociales con el resto de las personas giran en torno al precio de las casas, las próximas vacaciones –que son en dos años más– o el horario exacto en el que se desarrollan las fiestas.

Cuando eso sucede, me es mucho fácil no juzgar ni sentirme menospreciada, simplemente porque entiendo que la mentalidad norteamericana es y será fundada sobre la idea del yo, y solo yo.

Dato curioso, el diccionario norteamericano es el único que contiene la mayor cantidad de palabras de connotación “yo” para definir más de 100 palabras.

Algo así como eterno número de palabras como “autosuficiente, automejorable, auto-yo-ayudable-por siempre…” (suspiro…)

Entonces, si vivo en un país en donde la concepción del YO es tan grande y determinante para la forma de llevar las relaciones –incluso las relaciones amorosas–, es obvio que no puedo llegar y desenvolverme de la misma forma en la que lo hacía en Chile cuando se trata de pololos.

Es muy simple. Desde mi insignificante experiencia como polola en Chile, puedo decir que el proceso de coqueteo, espera, intriga, y mariposas en la barriga,  en Estados Unidos, lo he vivido de forma rápida y lenta.

En Chile hay una idea respecto al pololo de forma no tan perpetua como la que hay acá. Mi hermano por ejemplo, pololeó por cinco años, y estuvo de novio un año antes de casarse.

Otros amigos míos, han pololeado por años y jamas se han puesto de novios; y otros, han pololeado años y luego terminan las relaciones. Otros han convivido por años y son felices.

Sin embargo acá, la norma es gustarse, y en no más de un año casarse. (Dos alcances: siempre hay una excepción a la regla; y segundo, el gustarse está determinado por cuan bueno el sexo es. sí…)

Pero todo esto ocurre cuando ya son muy adultos. La idea de estar con alguien cuando eres joven es solo bajo un contexto de diversión. Me explico: Pololear no es una idea general.

Existe la libertad y la consciencia de que mientras no seas mi novia o novio (con el fin de casarse) entonces solo somos amigos con beneficios. No existe un término medio entre ser amigos y novios.

A diferencia de nosotros los chilenos que creemos en el pololeo. Los gringos solo ven las relaciones amorosas como una etapa de consagración de la adultez.

Estudian, viajan y consiguen trabajo, y mientras todo eso ocurre, ven las relaciones amorosas como un proceso de diversión, evitando el “compromiso” a toda costa. Compromiso entendido con el fin de casarse.

No existe la idea de estar con alguien exclusivamente para tantear el terreno. Desarrollar tu vida como adulto y estar con alguien mientras eso ocurre es algo que ellos no entienden.

Ellos necesitan concretar su vida –que se traduce en terminar los estudios, encontrar un buen trabajo, comprar una casa y tener una gran cuenta de ahorros. Una vez que su vida está “concretada” ellos están dispuestos a comprometerse.

Pero insisto, esto es tan difícil de entender –incluso de explicar– desde la cultura chilena, porque para nosotros, es innato estar con alguien mientras definimos nuestras vidas.

Como chilena, como mujer, siempre he tenido la idea de estar con alguien para definir que sucederá a futuro. No concibo la idea de definirme individualmente cuando se trata de parejas.

Puesto que la única forma de saber si tendré éxito en ello, es comprobándolo con el día a día, en un contexto de pololeo. Cuando el gringo define su vida, recién ahí su mente se libera y se relaja para estar en “pareja” con alguien.

Por que ojo, puedes estar besándote, abrazándote, teniendo sexo e incluso compartiendo una vida con un gringo, pero a la hora de la verdad, eso muchas veces no es más que algo divertido.

La idea de lograr las cosas por tus propios medios, es transversal a toda la vida de los que han crecido bajo el alero de la cultura norteamericana. Y es eso lo que justamente me cuesta entender día a día.

En cada discusión que tengo con mi “pololo” trato de dejar en claro que mi idea de relación con él no se trata de un futuro concreto, se trata de un presente en el que ambos podamos conocernos bien para poder determinar qué tipo de futuro queremos para ambos.

No tengo miedo a pasar un futuro sin él, tengo terror de que en un futuro mire atrás y me arrepienta de no haber estado con él, simplemente por miedo al futuro.

Finalmente, luego de estar cinco meses con él, concluyo que todo está en la comunicación. Desde mi pleno conocimiento de lo que quiero, y lo que soy, trato siempre de explicarle que mis pasos están a un costado de él, no detrás ni delante.

Lo que significa que sigo siendo un individuo pese a que esté con él. Que mi felicidad no depende de él, y su felicidad no debe depender de mi.

Que mi felicidad reside en completar mi viaje, y si él puede caminar junto a mí en ese viaje, maravilloso; pero sino, todo bien.

Mi felicidad no puede depender de él, porque nuestras vidas pueden tomar un rumbo muy distinto en un futuro. Su verdad es que somos amigos, mi verdad es que somos pololos.

¿Quién tiene la razón? Qué importa, lo que sí realmente importa, es que al final del día, mis labios pueden abrazar los suyos luego de una larga jornada en este viaje llamado vida.

Jueves, 29 de marzo de 2018

Pololo
Vanesa Acevedo, amante del fútbol, aventurera y ahora reside en Estados Unidos. #Columna 1.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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