Para mí, la literatura es mucho más que tinta sobre papel; es una de las primeras chispas de la creatividad humana.

Nació de la misma necesidad que nos llevó a pintar en las cuevas, a crear ritmos con el cuerpo o a representar historias frente a una hoguera. Es, en esencia, el milagro de convertir la imaginación en algo tangible.

Lo que me fascina de escribir es su versatilidad. Un texto puede ser un refugio para la diversión, una herramienta didáctica para educar o un vehículo serio para la divulgación.

Pero, sobre todo, la literatura es nuestra máquina del tiempo personal. Es la forma más humana de romper las barreras de la realidad y viajar a otros mundos, a otras vidas y a otras mentes.

Si algo define a la literatura es su capacidad de adaptarse sin perder el alma. Es increíble pensar en su resiliencia: ha sobrevivido al paso de los milenios cambiando de piel constantemente.

Empezó grabada en piedras y en tablillas de arcilla; se estiró en rollos de papiro y se encuadernó en pergaminos. 

Vivió la época de los escribas, donde cada letra era un esfuerzo físico a puño y letra, y experimentó el estallido de libertad que trajo la imprenta.

Hoy, estamos inmersos en una nueva revolución digital. Las pantallas parecen haberlo cambiado todo, pero si miramos de cerca, la esencia es la misma que en la antigua Mesopotamia: un ser humano queriendo dejar huella, contar lo que ven sus ojos y dejar tangible su imaginación.

La literatura ha estado aquí desde el principio y, sin duda, seguirá aquí mientras exista alguien con una historia que contar.

Ha resistido revoluciones científicas y cambios sociales, adaptándose a cada formato. Es nuestro legado más antiguo y, a la vez, el más joven, porque se reinventa con cada lector.

AUTOR. Manuel Villarroel, escritor.

Sábado, 07 de Marzo de 2026.

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