Cuenta una antigua leyenda mapuche que la luna: Cuyén y el sol: Antú se casaron muy enamorados, un día de otoño ante la presencia de Nguenechen; Dios.
 

Cuyén tenía un carácter suave y un corazón tierno y atendía las necesidades de la mujeres y los niños, en cambio Antú tenía un corazón bravo y valiente y se preocupaba por todos los hombres.

Todo iba muy bien, pasaban sus días recorriendo el cielo, cuidando de todos los mapuches, pero con el paso del tiempo comenzaron a tener discusiones y diferencias que finalmente los llevaron a separarse para siempre, desde ese momento comenzaron a recorrer solos el cielo. Antú comenzó a salir de día y Cuyén comenzó a salir de noche.

Cierto día, cuando Antú estaba calentando la tierra, fijo su mirada sobre una hermosa mujer enamorándose perdidamente de ella, la llevo al cielo y le puso el nombre de astro dorado: Collipal que nosotros conocemos como lucero.

Una noche en la que Cuyén salió a recorrer los cielo más temprano los sorprendió besándose muy enamorados y sin poder contener su llanto, lloro tanto que sus lágrimas llegaron hasta el Mapu: la tierra.

Cuenta la leyenda que así fue como se formaron los hermosos lagos del sur y fue al ver la belleza de lo que había creado que Cayú: la Luna volvió a sonreír.

FIN

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AUTOR. Elsemáforo.cl.

Lunes,16 de Agosto de 2021.

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