La poeta uruguaya Circe Maia hace algunos días atrás obtuvo el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2026 y se convirtió en la primera de su país en obtenerlo.
El galardón que fue creado en 2004 y es entregado de manera bineal por el ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que consideró que Maia es merecedora por:
“La obra de Circe Maia logra aunar capacidad reflexiva y don comunicativo. Conmueve su hondura filosófica y, al mismo tiempo, la hipnótica sencillez de sus tonos. Sus observaciones alcanzan un radical asombro que elude cualquier pretenciosidad. Su obra se fue volviendo cada vez más elíptica y minimalista, en un proceso de despojamiento que la ha llevado a erigir una poética del pensamiento de apariencia informal, tan cálida como sintética”.
La lóngeva poeta de 94 años de edad, oriunda de Montevideo, ha destacado por una amplia obra literaria y un sinfín de premios que ha conquistado en su gran trayectoria literaria.
Entre algunos trabajos realizados se encuentran “Presencia diaria” (1964), “El puente” (1970), Superficies (1990), De lo visible (1998), “Dualidades” (2014), “Voces del agua” (2020) y “A nueva luz. Poesía completa” (2025).
Circe Maia, Premio Iberoamericano de Poesía 2026
A continuación te dejamos algunos poemas de la gran poeta uruguaya que esperamos te encante.
—Velocidad creciente—
Hay una
sensación de que los días pasan
a más velocidad y que no hay tiempo
de muchas despedidas.
Suena una voz, como de insecto,
por detrás de los días
y detrás de las noches
pequeño picoteo, pero que no se para
cuando quieres ver, los días se desmoronan
como si hubieran sido devorados por dentro.
(Las fauces invisibles
dan cada vez más veloces dentelladas).
—Breve sol—
A la última hora del sol los rayos atraviesan
por el aire, eligiendo: “éste sí, éste no.”
Quedan en sombra
la mayoría; los elegidos brillan
con cortezas doradas. Ascendiendo
la luz alcanza otros follajes, deja éstos
y alumba uno lejano. Ya no hay tiempo
de llegar hasta allí.
¿Quién sabe? Vamos.
—Raíces—
Hoy de mañana
tuvimos que arrancar unas hierbas
que creían por todas las ranuras.
Se arrancaron las hierbas
y quedaron al sol temblando las raíces
como sorprendidísimas… ¿y esto?
¿De lo oscuro a lo claro en un instante?
Muerte invertida, rara:
de la tierra cerrada y ciega
al ojo azul, que todo lo traspasa.
Abrirse a todo aire: perderse.
Soltarse a toda luz: también perderse
dicen las raíces
temblando.
—Niebla—
Cruza corriendo un niño.
Golpean las baldosas sus pies rápidos.
Atraviesa la plaza
y una niebla veloz lo va alcanzando.
En un instante borra casas, cielo,
los canteros, los árboles.
Todo se ha vuelto humo.
No hay nada ya, no hay nadie.
Otra vez alguien canta mientras cose
-la aguja
brilla sobre la tela-.
Y crece el canto, crece
vegetalmente, alza
delicado follaje de sonidos…
Pero otra vez la niebla
devora a quien cosía y a su tela
y al brillo de la aguja y ya no queda
ya más nada, más nadie.
—Grados de irrealidad—
La esfera más cercana: hay un fuego encendido
y rostros familiares
hay charlas previsibles y silencios
como pequeños lagos.
(El verdadero mar está muy lejos.
El silencio total planea, lejos
como vaga amenaza).
Por ahora charlamos y callamos
y la pequeña actividad del día
se abre en abanico.
¿Pero quién une gestos y palabras
y días con sus noches
para que sean en verdad reales
no como chispas sueltas?
¿Quién vive plenamente
y está en verdad despierto?
(Temor de estar en rueda de fantasmas
y fantasma uno mismo.)
—No habrá—
Construyendo los días uno a uno
bien puede ocurrir que nos falte una hora
-tal vez sólo una hora-
o más o muchas más, pero raro es que sobren.
Siempre faltan, nos faltan.
Quisiéramos robarlas a la noche
pero estamos cansados
nos pesan ya los párpados.
Nos dormimos así y la final imagen
-antes de zambullirnos en el sueño-
es para un día nuevo, de anchas horas
como llano estirado, como viento.
Lastimosa mentira.
No habrá días-burbujas imprevistos
sorprendentes, abiertos.
El zumo de este día transcurrido
se filtra por el borde de la madrugada
y ya la está royendo.
—Traición—
El último sol no le dijo: soy el último sol.
Nada le previnieron.
El agua resbaló sobre su cuerpo y él no supo
que era el modo en que el agua
decía: adiós. No supo.
Nadie le dijo nada.
Cuando llegó la noche, llegó para quedarse.
Y él no lo supo nunca.
—Cortando en dos—
Cortado en dos el día:
una mañana azul, de claridades
intensísimas
y al mediodía, todo cambia:
van avanzando nubes
de vientre negro y empezó esta lluvia
que se tragó ya toda la tarde
y que no tiene miras de parar en la noche.
Como una bisagra
se dobló en dos el día.
Como una ventana cerrada bruscamente
que deja en sombra un cuarto
-una pared, de pronto oscurecida-
el mantel de la mesa, con colores
que desaparecieron.
¿Quién cerró la falleba
con tanta fuerza?
Autor. Elsemáforo.cl
Martes, 18 de Agosto de 2026
