Recuerdo que caminé por laberínticas y humildes calles de Talcahuano que jamás logré aprender sus nombres bajo una otoñal llovizna que acompañó mi solitario paseo hasta la bahía.
Mientras las túpidas gotas colisionaron en contra de la impermeable tela de mi paraguas, vagué a través de una ciudad que poco y nada me entregó, y que jamás imaginé que algún día escribiría lo que rompió con mi desolada travesía.
Desde algún rincón de aquellos estrechos pasajes que débil recuerdo, apareció una estudiante de enseñanza media, de cabellera oscura, tal vez corta o tal vez hasta la altura de sus hombros, de pálida tez y eso lo recuerdo muy bien. Ella era tan delgada como yo, de casi mi estatura y de tímida sonrisa.
Por inercia, ofrecí mi paraguas para que ella se protegiera de la llovizna. La estudiante accedió de inmediato a mi propuesta y asintió agradecida, dibujando una sonrisa en su rostro.
No soy capaz de recordar si la adolescente salió de su casa o la acompañé hasta su hogar. Tampoco recuerdo si conversamos a lo largo de esa impensada caminata. No recuerdo si me dio su nombre o lo olvidé con el paso de los años. Tampoco recuerdo si mencioné el mío o preguntó por él. Sólo recuerdo muy bien sus oscuros ojos bajo sus lentes, su sonrojado rostro y su tímido agradecimiento por mi espontánea caballerosidad.
Su fugaz presencia en mi vida es algo que aún recuerdo cómo lo más curioso y romántico que jamás me volvió a ocurrir en mi efímero paso por la marina.
¡Qué desastrosa fue mi vida social y amorosa en ese tiempo! Ni para un cuento romántico me sirvió mi experiencia militar.
FIN.
-Cuento #19-
¡Abrazo literario!
Sergio Muñoz es periodista y escritor. Publicó en 2022 “Entre el Cenit y el Abismo. Y otras ficciones”. Puedes seguirlo a través de su cuenta de Instagram y Facebook.
Sábado, 30 de Noviembre de 2024
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