Dice la historia que en las antiguas civilizaciones el padre de la novia no solo regalaba al futuro matrimonio cerveza de miel para celebrar la futura unión de la pareja, sino también para estimular la fertilidad y la fortuna.

El pasado 16 de diciembre de 2025 José Antonio Kast, profeso pinochetista, ganó con amplia ventaja la Segunda Vuelta presidencial y se convirtió en la principal figura política de Chile, apoyado por rostros polémicos de la región como Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei.

Saboreó con placer la viscosa y dulce esencia del triunfo gracias a lo que creyeron que él acabaría con el infame comunismo, la emigración y delincuencia desbordada a lo largo y ancho de nuestra tierra, mientras repetía que había que recuperar a un Chile que se caía a pedazos.

Pero, su luna de miel terminó más pronto de lo esperado. Ya no posee la garantía de los cien días para maquillar, aunque sea un poco, lo que será un mal matrimonio.

Todo inició con el nombramiento de su primer gabinete, mayormente liderado por ministros independientes lo que generó malestar en sus socios políticos de los partidos de la derecha.

Además, la destitución de un hombre de confianza horas antes de asumir y algunos nombres ligados a conflictos de interés, coluciones y bastantes cuestionados por diversos motivos personales, generó una ola de criticas antes de asumir como Presidente de la nación.

Acto seguido, la costosa celebración tras festejar su asunción presidencial el pasado 11 de marzo al cual se invitaron a mil personas elevó los cuestionamientos a su inicial gestión al recordarle un sinfín de veces, que mientras fue candidato presidencial prometió austeridad y administrar correctamente las arcas fiscales.

No obstante, su endeble castillo de naipes se derrumbaría definitivamente después. Esto último no fue originado desde el bando opositor. Por el contrario. Y eso es lo que más le dolió al pinochetista.

Las paupérrimas intervenciones de la ministra Mara Sadini, el fail comunicacional de Cristián Valenzuela (Secom) que difundió en RRSS que el Estado está en quiebra generando tensión entre La Moneda y diversos ministros que ya se desmarcaron de la polémica frase que Contraloría de la República exigió explicaciones.

Como si esto fuera poco, Kast retiró 50 decretos ambientales, ordenó recortar recursos de todos sus ministerios, inició la construcción de otra zanja, se sumó el conflicto personal de la ministra de Seguridad, Steinert, con la PDI, el criticado aumento de sueldo de sus asesores y por sobre todas las cosas, la bomba atómica republicana que generó un repudio nacional y transversal: la subida del precio de los combustibles.

A pesar que la miel no caduca, esta se volvió amarga y ya no tragable para un Kast que se metió directamente en el bolsillo de todos los chilenos que mayormente, casi un 70%, no logran percibir un ingreso que supere los 700 mil pesos y que sufrirán las consecuencias del encarecimiento del costo de la vida.

Desconozco si las antiguas sociedades poseían alguna clase de solución para noveles matrimonios que arrancaban muy mal, pero en política se corta por el hilo más delgado y Kast no se atreverá aún remover algunos rostros de su gobierno ni mucho menos dar un paso atrás con el alza que pagarán los chilenos más pobres y de clase media.

Presagio que José Antonio Kast elevará aún más sus números de desaprobación en las encuestas, removerá a los señalados por la prensa y electorado, y mantendrá su cuestionable política de recortes fiscales. Sin embargo, el daño ya está hecho para la población. Disfruten lo votado. Serán cuatro años eternos.

AUTORSergio Muñoz, periodista, escritor y creador de Elsemaforo.cl.

Lunes, 30 de Marzo de 2026.

Te podría interesar también:

Venezuela: un reflejo de la fragilidad latinoamericana

 

Comentarios de Face