A penas el polluelo rompió el cascaron su futuro ya estaba decidido: una cruel trituradora esperaba por él.

Sin siquiera haber conocido el calor de su madre o el brillo del sol, el polluelo pía desesperado, está solito y nadie acudió por él en aquel infernal criadero.

¡Pobre polluelito! ¡Pobre de su existencia! No soy capaz en detallar a la infame máquina que lo arrastrará hasta su cruel muerte.

Sin embargo, para fortuna de él, la trituradora se atascó y de alguna manera cayó de la bandeja que lo arrastraba hasta su despiadado destino, a diferencia de otros cientos de desafortunados polluelos.

Ya en el suelo, el polluelo pía con fuerza y así continuó mientras se adentró a través de una infernal y laberíntica marcha que sólo dio cuenta de la crueldad humana, que por supuesto él ignoró.

El pequeño logró escapar de la planta genocida tras adentrarse por unos ductos que no estaban bien sellados y por primera vez el polluelo observó el cielo; quedó maravillado por la majestuosidad del nocturno firmamento.

La aventura del polluelo continuó afuera de la planta procesadora con él aún indefenso, temeroso y anhelando encontrar a mamá mientras avanzaba a través de la intemperie piando por hambre y por frío, “pío, pío”.

El polluelo llamó la atención de una vieja y callejera gata que al verlo se saboreó desde la punta de su lengua hasta el final del último bigote bueno que aún le quedaba.

La astuta gata que aún no pierde sus grandes habilidades de sigilo y acrobacia, se acercó hasta el polluelo y  saludó amablemente al pequeño que al instante creyó que ella era su madre. Inocente se acercó a la felina con la esperanza de hallar protección y cariño; no obstante, la gata se anticipó a la inocencia del ave y lo invitó a cenar a su casa, sin imaginarse el polluelo que pía de alegría la clase de cena que lo esperaba.

Minutos después el polluelo cenó restos de atún, unas jugosas lombrices de tierra y diversas sobras de comida que la vieja gata compartió con él, mientras maravilló a su nuevo hijo con fantásticas historias bajo la luz de una hermosa luna, prometiéndole al pequeño que será su madre por todo el tiempo que la vida les permita juntos.

FIN.

-Cuento #18-

¡Abrazo literario!

Sergio Muñoz es periodista y escritor. Publicó en 2022 “Entre el Cenit y el Abismo. Y otras ficciones”. Puedes seguirlo a través de su cuenta de Instagram y Facebook.

Martes, 27 de Agosto  de 2024

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