El Imperio Romano (27 a.C. – 476 d.C. en Occidente) fue una civilización que marcó un antes y después en la historia de la humanidad.

Roma conquistó el Mediterráneo, Europa Occidental, el norte de África y Oriente Próximo, caracterizado por un poder militar insuperable en su época y un gobierno autocrático bajo la figura de un emperador.

Sin embargo, cayó con el pasar de los siglos como otras civilizaciones a lo largo de nuestra historia. No obstante, Roma nos legó algo que hasta el día nos cautiva, a pesar que ellos no la inventaron: la poesía.

A continuación te dejamos con una brevísima antología de algunos clásicos poetas de la antigua Roma y que esperamos que disfrutes.

Sulpicia (Siglo I a.C.), (Corpus Tibullianum III 13):

Por fin llegó el amor; y tan grande
que más vergüenza me daría ocultarlo
que  la fama de haberlo desvelado.
Vencida por los ruegos de las Musas
lo trajo Citerea, y lo depositó en mi seno.
Cumplió sus promesas Venus: y mis alegrías
que las cuente quien no las tenga propias.
Confiar algo a mis tablillas
y que alguno me lea antes que mi amado, no lo quisiera;
pero me encanta haber pecado,
me da vergüenza poner cara de santa por el miedo a la fama.
Que lo cuenten: yo una mujer digna
he estado con un hombre digno.

“Horacio” (65-8 a.C.):

¿Qué grácil muchacho, sobre una multitud de rosas,
bañado en líquidos perfumes, te aprisiona,
Pirra, en el fondo de una deliciosa gruta?
¿Para quién sujetas tu dorada cabellera,

tú, sencilla en tu elegancia? ¡Ay! Cuántas veces de tu fidelidad
y de los cambiantes dioses se lamentará aquel, y del mar
encrespado por negros vientos
se asombrará, desacostumbrado,

el que ahora confiado goza de ti y de tu hermosura,
el que siempre espera que estés disponible, siempre dispuesta a ser amada,
ignorante él de la brisa
falaz. Desdichados aquellos para los que

brillas, sin haberte experimentado. La sagrada pared
testimonia, con su tabla votiva,
que yo he colgado mis mojadas ropas
para el dios soberano del mar.

“Virgilio” (70-19 a.C.), Égloga IV:

«Han llegado los tiempos últimos de que habla la Sibila:

Va a comenzar de nuevo el curso inmenso de los siglos.

De lo más alto de los cielos nos va a ser enviado un reparador.

Alégrate, casta Lucina, por el nacimiento de este niño,

que hará cesar la Edad de Hierro, reinante hasta ahora,

y extenderá la Edad de Oro por todo el universo…

El que debe obrar estas maravillas será engendrado en el mismo seno de Dios;

se distinguirá entre los seres celestiales;

aparecerá superior a todos ellos y regirá con las virtudes de su padre al mundo pacificado…

Ven, pues, querida descendencia de los cielos,

ilustre vástago de Júpiter, porque se acercan ya los tiempos vaticinados.

Ven a recibir los grandes honores que te son debidos.

Mira tu venida al globo del mundo vacilante bajo el peso de su bóveda;

la tierra, los vastos mares, el alto cielo…

todo se agita y alegra por el siglo que ha de venir».

“Catulo” (Siglo I a.C.):

Tengo que amarte, mi Ipsitila dulce.
Como eres mi delicia y mi placer,
mándame que esta tarde yo te busque.
Y si me ordenas eso, deja abierta
la puerta de tu casa, por favor,
y a ti ni se te ocurra salir fuera:
quédate dentro y nos dispensaremos
nueve polvos divinos sin parar.
Mas si quieres hacer lo que te he dicho,
tienes que darte prisa en ordenármelo:
bocarriba e hinchado tras comer,
en la cama perforo en este instante
con mi pene la túnica hasta el manto.

**Agradecemos a nuestro amigo, periodista e influencer, Gabriel Donoso, “El Gabo”. Él nos dio la idea de este artículo de poesía.

AUTOR. Elsemáforo.cl.

Sábado, 17 de Enero de 2026

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